Los regalos navideños y la banca

Articulo publicado en Opinion

Por: JORGE VELASCO TUDELA Ingeniero industrial, magister en Innovación y Desarrollo Emprendedor, y docente jm.velasco@fundacionmaya.bo | 27/12/2015 | Ed. Imp.
Comienzo mi participación como columnista en este prestigioso medio agradeciendo la invitación de Amparo Canedo, su directora, con quien he tenido la oportunidad de trabajar hace unos años en País Emprendedor, una revista orientada a sembrar el espíritu emprendedor y de innovación en el país.

Voy a dedicar este espacio a analizar y comentar temas financieros, de innovación y de desarrollo emprendedor, porque son áreas estrechamente ligadas y somos un país con un alto índice de emprendimiento. En efecto, según el reporte de Global Entrepreneurship Monitor (GEM 2014), somos el tercer país más emprendedor de la región.

Para Bill Bygrave, profesor de Babson College, el espíritu emprendedor es la ventaja competitiva más importante de los Estados Unidos. Él resume el concepto en la siguiente expresión: “Espíritu Empresarial + Innovación = Prosperidad de un país”.

Sin embargo, para que cualquier iniciativa empresarial con innovación pueda concretarse y así contribuir a generar empleo y riqueza en un país, son imprescindibles los recursos financieros. Por eso la importancia del financiamiento en cualquier economía.

En esta primera entrega quiero comentar el rol de la banca en nuestro medio. A través del financiamiento de vivienda social, a lo largo de este año, se ha hecho posible que en esta Navidad muchos hogares bolivianos se regalen un techo propio.

El techo propio es quizás uno de los emprendimientos más anhelados que tenemos los seres humanos. A la hora de adquirir o construir una vivienda, el financiamiento se ha convertido en una facilidad ineludible, más aun considerando las condiciones a las que el boliviano puede acceder.

Como es de conocimiento público, el crédito de vivienda social llega a los bolivianos a una tasa fija, entre un mínimo de 5.5 por ciento y un máximo 6.5 por ciento anual, dependiendo del monto. Estos créditos son en moneda nacional, a plazos de entre 20 y 30 años, y en algunos casos sin aporte propio, condiciones que, comparativamente con otros países de la región, son mejores. Por ejemplo, la tasa de interés nacional es mucho menor comparada con las de Colombia, Perú, México, Chile y Brasil, donde la tasa de créditos hipotecarios está en alrededor del 10 por ciento .

Este tipo de crédito ha sido impulsado por el Gobierno, a través del Decreto Supremo 1842, definiendo metas de crecimiento y techos en las tasas a los bancos, lo que ha generado, según cifras de Asoban a octubre 2015, un crecimiento de más de 357 millones de dólares en créditos de vivienda social, que habrían beneficiado a 17.000 familias.

Haciendo una proyección, hasta fin de año se podría estimar que el financiamiento de vivienda social podría llegar a las 20.000 unidades, lo que equivale a un 4 por ciento del déficit habitacional a nivel nacional estimado en 500.000 unidades.

Para lograr una sana expansión y financiamiento de la vivienda social, esta política habitacional del Gobierno debe tomar en cuenta los riesgos que la banca está asumiendo, en cuanto a descalce en plazo y tasas. Estos riesgos se ven afectados además por una menor rentabilidad por los techos en las tasas y los nuevos impuestos a la utilidad que recientemente por ley se han fijado.

Esperamos entonces que el festejo navideño al regalarse techo propio de miles de bolivianos sea un buen augurio para que esta política a futuro sea viable y sostenible.

*La Dirección de OPINIÓN da la bienvenida a estas páginas a Jorge Velasco Tudela, ingegiero industrial, magister en Innovación y Desarrollo Emprendedor, docente de posgrado en Finanzas y Banca (Harvard – Chicago – INCAE) y actual presidente de la Fundación MAYA.